Noticias del Imperio by Paso Fernando del

Noticias del Imperio by Paso Fernando del

Author:Paso, Fernando del [Paso, Fernando del]
Format: epub
Tags: General Interest
Published: 2010-01-03T18:03:44+00:00


Mi querido Maximiliano. Mi adorado Rey del Mundo y Señor del Universo: No creas a nadie de los que te digan que estoy loca porque no quiero comer. Es mentira. El otro día le dije a mis servidores que venías a almorzar al castillo. Ordené que pusieran en la mesa las mermeladas inglesas que tanto te gustaron desde que las probaste en Gibraltar una tarde en que los moros y los españoles peleaban en Ceuta y tú contemplaste la batalla desde el otro lado del mar, con un telescopio. Recordé que una vez, en Valencia, te mostraron una magnolia gigantesca que había crecido en un cementerio de padres capuchinos y tú dijiste que los religiosos debían dar muy buen abono al suelo, así que mandé traer varios manojos de los espárragos silvestres que se dan en el Cementerio del Père Lachise. Recordé que durante la guerra de los trucos el Emperador José Segundo se hacía llevar a Belgrado el agua de Schönbrunn, y ordené que trajeran varios botellones con el agua de Tehuacán. El mensajero trajo una canasta con mangos y guayabas y una jarra de leche blanca como botones de jazmín y espumosa como champaña, como aquella que en las Canarias te dio el cabrero alemán que te besó la punta de los pies. Tu madre la Archiduquesa Sofía me envió unos pastelitos de semillas de amapola con miel y un frasco de milchrahm. De las bodegas de Miramar llegó un cargamento con los vinos suaves del Rhin y los vinos fuertes de Rioja que tanto disfrutas. La Princesa Paula Metternich te mandó, desde París, una caja de tus habanos favoritos. Le ordené a Tüdös que cocinara una sopa Brunoise y salmón a la tártara y filete a las brasas con salsa Richelieu. Y le dije a los músicos y a los cantantes que ensayaran la Fantasía Brillante que Jehin-Prume compuso en honor de mi padre Leopoldo, el Brindis de Lucrecia, La Paloma, el himno imperial mexicano. Y te esperé quince años. Te he esperado sesenta y no has llegado. Y mientras tanto aquí me tienes, Max, eso no es cierto: si te lo dicen no lo creas, cómo no voy a querer comer si me muero de hambre, cómo no voy a querer beber si me muero de sed. Porque si hay alguien que tuvo que meter la mano en una olla de caldo hirviendo en el Orfelinato de San Vicente para comer un miserable trozo de carne, fui yo, Maximiliano. Si hay alguien que tuvo que meter los dedos en la taza de chocolate del Papa fui yo, y no tú, porque estaba muerta de hambre, porque todos me querían envenenar. Si hay alguien que tuvo que llevar gallinas la hotel para no comer otra cosa que los huevos que pusieran frente a mis propios ojos y que no pudiera quebrar y cocer con mis propias manos, fui yo. Si hay alguien que ha tenido que salir a media noche del Castillo de Bouchout a beber agua



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